Valeriano Cuéllar empieza su singladura en
la Gimnástica en el equipo juvenil en la temporada 70-71 un equipo que
entrena Pilín y en el que coincide
con Julio Vegas, Jesús Bellota, Julito o Ángel Cerezo, entre otros. Después de jugar
media temporada en Arévalo y otra media en el CD Acueducto, Valeriano regresa a
la Gimnástica para no abandonarla hasta finales de la temporada 84-85,
última campaña antes de su retirada. Valeriano, como el mismo se define era un jugador «físicamente bueno y técnicamente regular o malo». Lateral derecho, central marcador o centrocampista, Valeriano se desenvolvía en toda aquella zona del terreno de juego que requiera contundencia y despliegue físico.
Durante muchas
temporadas era el responsable de ejecutar las faltas y penaltis lo que le permitió incluso ser el
máximo goleador del equipo en alguna campaña. Sin apenas problemas físicos en toda su carrera, forma parte del selecto grupo de jugadores que ronda los 500 partidos como jugador gimnástico. Durante algunas de sus temporadas, Valeriano compartió vestuario con sus primos segundos Ernesto Cuéllar
y José Vicente Cuéllar.
Con un carácter muy particular que le llevó a ser expulsado «alguna que otra vez» todavía recuerda Valeriano cientos de anécdotas como la de aquél día en el Adolfo Suárez de Ávila en que tuvo que salir escoltado por la policía hasta el autobús del equipo «porque me eché la mano a los huevos para provocar a la grada». Las cosas de Valeriano, uno de los grandes de la historia de la Gimnástica.
Algo decepcionado por su salida de la Gimnástica al no
celebrarse el partido homenaje que, según él, le prometió Pedro Antonio
Hernández Escorial, Valeriano se centró en sus negocios de hostelería y apenas ha acudido a la Albuera a ver partido alguno del que fue su club durante quince
temporadas. Genio y figura.
Foto: Valeriano en una foto tomada en el Peñascal en la temporada 72-73/ autor desconocido
Imagen cedida para su utilización en el blog por Valeriano Cuéllar
